La mayoría de las personas cree que abandona por falta de voluntad. Pero en realidad es por instinto.
La mayoría de las personas cree que abandona el entrenamiento por falta de voluntad.
Pero en realidad es por instinto.
No sabemos para qué hacemos las cosas.
Parece que ni el trabajo, ni el ejercicio, ni las relaciones son satisfactorias. Y como consecuencia nos vamos agriando y nos volvemos superficiales, individualistas y reactivos.
¿Cuál es el problema?
Que hemos olvidado cómo usar nuestro propio cuerpo.
Llega un día en el que te levantas por la mañana sintiendo que tienes 10 años más. Todo te duele.
Temes agacharte a jugar con los niños porque el dolor de hombros (y hasta del alma) será mayor después.
Te cuesta aparcar marcha atrás porque el cuello ya ha girado -1º, todo lo que puede sin que te dé un tirón.
En fin, que te resignas a vivir con esa rigidez y dolor y tu cabeza no te lo pone fácil.
Tu mente se enreda en todo el ruido que pilla, dirigiendo películas dignas de un Óscar y disculpándose culpando todo a su alrededor.
Todo ese ruido no te permite ver que existe otra forma de trabajar tu cuerpo que hace que este responda a tus demandas sin dolores y te sientas más ligero y robusto en tu día a día.
No te voy a mentir. Yo no traigo nada nuevo, ni es mágico.
Simplemente te abro la puerta a esa forma de entrenar con esta práctica sencilla que recibes gratis al registrar aquí tu email. Son 13 minutos al día para movilizar y destensar columna, hombros y caderas.
Tú decides si la cruzas.
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